“Estados Unidos es más grande cuando lucha por la libertad de otros”

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Emoción. Homenajes a los caídos. Buena sintonía entre Emmanuel Macron y Donald Trump. Entre sonrisas, eso sí, el presidente francés ha recordado al americano la ‘promesa de Normandía”, esto es “la alianza de los pueblos libres”. Varias ceremonias han rendido tributo, 75 años después, a los héroes del Día D. Una de ellas debe de ser el último acto público de Theresa May que va a presentar su dimisión mañana.

El acto más significativo tuvo lugar en el cementerio americano de Colleville sur Mer. Aquí, sobre una alfombra verde, se alinean más de 9.000 cruces y estrellas de David, blancas, como soldados en formación. Cada una representa a un combatiente americano, cada una ha sido “adoptada” por una familia francesa que la cuida. Lo recordó Trump.

Unos metros más abajo, ante un mar en calma, está Omaha Beach, la sangrienta Omaha. Aquel 6 de junio, hoy hace 75 años, los americanos lograron desembarcar 34.250 hombres y 2.870 vehículos. Aunque perdieron el 90% de la primera oleada de hombres, a la noche tenían una cabeza de playa de 9 km de largo pero sólo dos de profundidad. Habían caído tres mil hombres, muchos de ellos ahogados. Fue el punto crítico del desembarco aliado. Fue donde Robert Cappa tomó sus 106 fotos de las que se salvaron 11.

Fue el lugar, simbólico, cargado de recuerdos históricos, en el que tomaron la palabra Trump y Macron. Ante unos cientos de veteranos y más de 10.000 invitados, hicieron demostración pública de sintonía personal, compitieron en sus discursos en cómo llegar al corazón de la audiencia y se esforzaron en mostrarse dignos representantes de dos países que nunca se han hecho la guerra. Y aquí llegan los matices.

Porque Macron, volviéndose varias veces hacia Trump, le recordó la promesa de Normandía. “Nunca debemos olvidarnos de perpetuar la alianza de los pueblos libres. Esto es lo que hicieron los vencedores, creando las Naciones Unida y la OTAN. Eso es lo que, unos años después, hicieron los líderes de Europa creando la Unión Europea. Las lecciones de Coleville sur Mer están claras: la libertad y la democracia son inseparables”.

Vamos, que Macron le mentó en una sola frase todas las ‘bichas’ a Trump: la ONU, la UE, hijas de ese multilateralismo que ha organizado el mundo desde la victoria aliada y… que Trump se empeña en poner en cuestión.

Sin perder la sonrisa, el presidente francés remató: “América no ha sido nunca tan grande como cuando se ha mostrado fiel a los valores universales que defendían sus padres fundadores, cuando hace dos siglos y medio Francia acudió a apoyar su independencia”.

Trump pareció tomarselo todo bien. Sea porque Macron envolvió estos párrafos en un discurso emocional y de homenaje a los veteranos yanquis: “Francia no olvida a estos combatientes que lucharon por su libertad” declaró. “Me inclino ante ellos y les digo, gracias”, añadió volviéndose hacia los homenajeados.

Sea por lo solemne del día. Sea porque han recuperado su sintonía. Hoy, en Omaha Beach, Trump le dio un apretón de manos de amigo. En su discurso no respondió a Macron. Elogió a América, “un país noble, un pueblo virtuoso que reza a un Dios justo”. Las únicas referencias a la proyección externa fueron para advertir que la nación que “batió al comunismo y puso un hombre en la Luna es hoy más fuerte que nunca”.

Luego, en la prefectura de Caen, el inquilino de la Casa Blanca calificó las relaciones entre ambos países de “excepcionales”. En una imprevista comparecencia ante la prensa, ambos jefes de Estado se esforzaron en limar sus diferencias. Incluso sobre Irán.

Al término de su entrevista ‘tête à tête’ y de una comida con sus esposas, Melania y Brigitte, y algunos altos cargos, el presidente Trump voló a Irlanda donde iba a pasar noche en unos de sus complejos de golf.

Fuentes del Elíseo calificaron el encuentro entre ambos de “positivo” y “constructivo”. Los temas económicos quedaron para un próximo G 20 que precederá al G7 de Biarritz. Hoy hablaron de Irán, de Ucrania, de Libia y del Sahel. La principal novedad puede estar en el dossier iraní. Veremos qué da de sí el próximo viaje del primer ministro japonés, Shinzo Abe. Viaja a Teherán en los próximos días. Hace unas semanas, Macron estuvo en Tokio y hoy ha hablado con Trump. Lo importante era lograr la desescalada insistió el Elíseo.

También habrá que ver en los próximas horas los tuits de Trump. Porque cuando estuvo en noviembre, en los actos del centenario del armisticio de la Primera Guerra Mundial, al día siguiente escribió que los franceses “empezaban a aprender alemán antes de que llegaran los Estados Unidos”.

De momento, en Normandía el día fue un canto a la amistad franco americana.

La jornada de celebraciones arrancó con un acto no menos simbólico. El presidente Macron y la primera ministra británica, Theresa May, pusieron la primera piedra de un memorial a los soldados muertos en el Desembarco. Puede ser el último acto público de May que, falta de apoyos a su acuerdo sobre el Brexit, debe presentar su dimisión mañana.

Reino Unido y Francia honraron a los que dieron su vida por la causa común de la lucha contra el nazismo, hace 75 años. Macron tuvo palabras cariñosas hacia la primera ministra y se esforzó en hablar del futuro común de ambas naciones. May, imperturbable, se ciñó al guión. Luego acompañó al príncipe heredero Carlos y a Camilla en un servicio religioso en la catedral de Bayeux, primera ciudad francesa liberada en 1944.

Pasaban las 9 de la mañana cuando la escueta ceremonia que presidieron Macron y May terminaba. A esa misma hora, el 6 de junio del 44, su edecán despertaba a Hitler. El ejército alemán de Normandía reclamaba que entraran en acción las dos divisiones panzer acontonadas no lejos de aquí y que dependían directamente del Führer. Éste creyendo que el desembarco era un señuelo, se negó.

Poco después supo lo que pasaba el mariscal Rommel. El supervisor general de las fortificaciones del Atlántico tampoco estaba en Normandía. Había ido a su casa a celebrar el cumpleaños de su esposa. Regresó a toda prisa. Y le dijo a su chófer: “Si la 21 división panzer llega a tiempo, podemos echarlos en tres días”. Demasiado tarde. Y se cumplió la profecía del ‘zorro del desierto’: “la guerra se ganará o perderá en las playas (…) las primeras 24 horas de la invasión serán decisivas para los Aliados, como para Alemania, será el día más largo de la guerra”.

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